Vivencias y Anécdotas
del Hogar Universitario Matías Rojas en
Antofagasta
1982 - 1987
1982 - 1987
Introducción
Durante gran parte de los años ochenta, existió en
Antofagasta el Hogar Universitario Matías Rojas. Llegó a albergar aproximadamente
210 alumnos en su máxima capacidad, en parte del edificio que había servido
como escuela para formación de profesores normalistas hasta 1974.
De los espacios destinados a dormitorios, cocina, lavandería
y salas de estudio de aquella Escuela Normal, cuya entrada estaba en el número
1522 de la calle Matías Rojas, se formó este internado, con estudiantes de la
Universidad del Norte y de la recién formada Universidad de Antofagasta (20/3/1981),
que fusionó los campus provinciales de la Universidad Técnica del Estado y la
Universidad de Chile.
Con el tiempo, algunas personas que vivieron allí fueron
tomando consciencia del valor de aquella experiencia, en términos de
fraternidad, camaradería, diversidad, apoyo mutuo, respeto, compañerismo,
excelencia académica, deporte, sana competencia y la incomparable alegría de
vivir de la juventud. Los recuerdos de esos años resultan tan gratos, que ha
motivado a intentar plasmarlos en un texto para que no se pierdan en el tiempo
y por cierto, poder complementarlo y enriquecerlo entre todos los hogareños con
quienes se tuvo el honor de compartir ese tiempo maravilloso al inicio de la
vida adulta, cuando ser universitario en Chile era un privilegio al cual muy
pocos podían acceder y que automáticamente
nos dejaba formando parte de una élite, en una época complicada para nuestro
país.
Primera Parte
El puerto principal de la segunda región era conocido a
principio de los ’80s como “Antofagasta Dormida”, debido al escaso desarrollo y
actividad económica de la ciudad. A pesar
de ello, estábamos rodeados de cierta prosperidad, ya que el Hogar
Universitario estaba ubicado en la parte centro-sur de la ciudad, que contaba
con el Parque Brasil a pocas cuadras y un incipiente Paseo del Mar, donde era entretenido pasear a
todas horas, trotar e incluso bañarse en sus pozas artificiales, que recibían
agua desde el mar. Estas pozas tenían arena en el fondo y un sistema de
evacuación del agua por unos orificios inferiores bajo una barrera de piedras que
separaba la poza del mar y que funcionaba como rompe-olas. El sistema era
simple pero ingenioso, aprovechaba la recogida de la ola para renovar
constantemente el agua. Con algunos amigos hogareños y compañeros de carrera, disfrutamos
de gratos momentos en esos lugares.
De cualquier forma, pienso que nadie soñaba, ni el más
optimista de los que apoyaban el modelo económico, que presenciaríamos en
primera persona una de las transformaciones más dramáticas que una región haya experimentado en
Latinoamérica , al punto que el ingreso per cápita de la segunda región de
Chile llegó a ser similar al del Reino Unido en 2012. Vi a varias personas
volverse millonarias en los años ’90, entre ellos gente común y corriente, sin
estudios superiores y conservo dos
amigos millonarios en dólares que partieron desde cero, hijos de obreros, una
es mujer, justamente una ex compañera de la universidad y contrario a todo lo
que podría pensarse, es una activa partidaria de la izquierda política.
Esa transformación
se produjo gracias al desarrollo de nuevas tecnologías que permitieron explotar
yacimientos mineros que antes no eran rentables y a la puesta en marcha de la
Minera Escondida, que benefició directamente a Antofagasta. Si bien se trata de
una prosperidad frágil, ya que no se han establecido industrias que permitan
aprovechar nuestro expertizaje minero para exportar tecnología, es innegable el
avance experimentado por la ciudad.
Los campus de la
recién estrenada Universidad de Antofagasta, formada por las ex sedes provinciales
de la Universidad Técnica del Estado y la Universidad de Chile, estaban aún más
al sur, sin duda el sector más atractivo
de la ciudad. En varias oportunidades, agotado por el sueño o aburrido de
alguna clase fome (la mayoría en los primeros años del plan común de ingeniería),
salté el muro de la facultad y me fui a dormir a la playa del Balneario
Municipal, a una cuadra de distancia, una pequeña formación artificial con
arena blanca. También frente a la sede sur descubrimos una piscina natural dispuesta
paralelamente al mar, formada entre las rocas y que tenía sectores con
profundidad suficiente como para tirarse piqueros y nadar algunos metros.
¿Alguien más habrá
tenido la oportunidad de estudiar en la universidad con una playa de arenas
blancas a una cuadra de distancia? En resumen, el entorno era muy grato,
considerando además el clima de puerto, cuyas temperaturas oscilaban entre 14 y
22 °C, con atardeceres gloriosos casi todos los días, gracias a las
espectaculares puestas de sol que era posible observar desde nuestra casa de
estudios. Busco en mi memoria si hay alguna otra sede universitaria en Chile
que ofreciera algo similar, me parece que no, con excepción de la sede Isla
Teja de la Universidad Austral que puede competir en belleza escénica, pero no
así en clima.
En el Chile de principio de los ‘80 ingresaban a las
universidades alrededor de cien mil estudiantes. Constituía todo un logro, orgullo
y un motivo de respeto ser estudiante universitario en ésa época. Hoy ingresan
alrededor de 1 millón doscientos mil al sistema de educación superior y casi
está resultando más difícil no lograr un cupo que hacerlo. En este sentido
también fuimos privilegiados, vivimos la época romántica de ser parte de una
élite de los mejores estudiantes del país. Recuerdo que mi carné de estudiante
universitario me abría montones de puertas, sólo por el hecho de serlo.
Confieso que más de alguna vez también abrí una puerta de verdad forcejeando
con el carné plastificado.
Ingreso al Hogar
Después de pasar dos semestres en pensiones, mi amigo,
compañero, compadre y gran adversario en ajedrez y en la pista de atletismo Alberto
Sotelo me habló del Hogar Universitario. Me habían echado de la primera pensión
en la calle Sucre después de una áspera discusión religiosa con los dueños de
casa, quienes deseaban convertirme al cristianismo evangélico. De allí me
recibió mi gran amigo y compañero Nelson
Molina (Posteriormente y por un breve tiempo Hogareño del segundo piso, Q.E.P.D.)que
vivía en la calle Serrano en casa de su
hermana, donde estuve unos meses y luego
de entrevistarme con la asistente Gladys García y aportar los documentos requeridos,
me ofrecieron un cupo en el Hogar. Se trataba en el fondo de una beca que
incluía alimentación y que debía ser mantenida con un rendimiento académico exigente.
La primera vez que ingresé al Hogar me asignaron al tercer
piso, donde según recuerdo, había una multitud de gente, antes de que se
hicieran las mejoras y los espacios libres se dividieran en módulos con cuatro
camarotes. Recuerdo que la sensación de pollo nuevo tratando de ubicarme duró
poco, ya a los pocos minutos tuve mi primer ataque de risa: pasó por mi lado un
tipo vestido bastante formal con unos lentes cuadrados grandes de marco negro y
un copete peinado hacia atrás…se parece a….a quién cresta se parece?
-Compare Clark Kent! – gritó alguien desde el fondo
llamándolo y no pude resistir la risa por lo acertado del sobrenombre y a duras
penas logré disimular.
Más tarde, los más antiguos del piso, que eran dos
payasos realmente muy graciosos, Cool Mc Cool y Riquelme, me tomaron de los
brazos y me fueron presentando a todos pero solamente con el sobrenombre,
riéndose a carcajadas en la cara de cada una de ellos:
“Mire Compare, este hueón que vive en esta pocilga insalubre
de camarote dice ser del área de la salud, pero fuma como chimenea y antes de
terminar la carrera se va a morir de cáncer. Le decimos Don Chuma y no sabemos
hasta ahora como cresta se llama, lo único que sabemos es que nunca come y
siempre está fumando ja já jaá” y se doblaban de la risa. Luego me llevaban
donde otro y así sucesivamente. Fue un verdadero show y la mejor forma de
conocerlos a todos, sin dejar de asombrarme por lo preciso de la mayoría de los
sobrenombres, eran verdaderos artistas. También me quedó claro que pronto me
bautizarían, no se salvaba nadie.
En términos de cifras, me parece que había 24 camarotes uno
dispuesto al lado del otro cerca de los ventanales que daban a la calle Antonio
Poupin y los casilleros correspondientes
quedaban apegados a la pared opuesta. La sala de estudios del piso, que
funcionaba como antesala al dormitorio, casi siempre estaba llena, por lo que
solía irme a estudiar a la gran sala del primer piso, que entiendo estaba
asignada a los alumnos de la Universidad del Norte, quienes ocupaban los
dormitorios ubicados por el lado de la calle Matías Rojas y no tenían salas de
estudio en los pisos superiores. No recuerdo si había servicio de desayuno en
ese tiempo, antes de que remodelaran e hicieran la sala de estudios azul con la
cocina.
Sala de televisión
La sala de televisión ubicada en los pasillos del tercer
piso frente a la pieza del Kuto estaba en general con poca gente, tenía un gran
sillón individual de cuero que era conocido como el sillón maldito, ya que era
muy cómodo y era más fácil dormir allí que pararse. Aparte, tenía otro sillón de
dos o tres cuerpos y varias sillas. Recuerdo un par de anécdotas:
La vez que la vi más llena fue cuando dieron una noche de
domingo la película Superman en TVN. Recuerdo que llegaron hasta los más
antiguos del hogar como el Einer, el Tecito con té, etc., y el ambiente no podía ser más jocoso entre la
espera del inicio de la película, molestando al Compare Clark Kent y el Guata
e’Quiltro, quien insultaba a gritos a quien se cruzara por la pantalla:
¡¡ Sale concha e’ tu manga!!! Le gritaba al que se atrevía a
cortarle la vista y el payaseo se volvía un total silencio y concentración
cuando terminaban los comerciales. Así, la película terminó y el Einer estaba
muy contento mirando y le gritaba a la pantalla a cada rato – ¡¡Ése es mi
Compare Superman!!, mientras felicitaba con palmotadas en el hombro al compare
Clark Kent.
Pronto algunos se empezaron a parar para irse, cuando en medio de
los créditos finales de la película, sale una vez más Superman volando, pero
llevaba esta vez una inmensa bandera norteamericana en la mano y saludaba a la
pantalla, entonces quedó la escoba, el Einer y todos los más antiguos empezaron
a insultar a Superman..
– ¡¡Conchetumare
Imperialista, Yanqui Culiao, Hijo e’ puta!! Y toda la alegría se esfumó en un
segundo, transformándose en un
interminable recital de maldiciones contra Superman en la tele y de reojo, contra el pobre Clark Kent, quien
pasó rápidamente de ser el regalón del momento, a recibir algunos empujones y a
posible víctima del enojo contra la forma en que terminó la película.
Afortunadamente
logró escabullirse rápido hacia el pasillo y salvó ileso. Superman había
sobrevivido la ira anti-imperialista.
Brasil – Italia
También la sala tuvo un lleno total para el partido del
mundial España ‘82 entre Italia y Brasil. Prácticamente todos estaban a favor
de Brasil y el único a favor de Italia era el murciélago Renzo Sabella. Siempre
me ha gustado el fútbol, pero a esa altura ya los brasileños me tenían aburrido
con su estilo de juego muy vistoso pero desequilibrado en defensa y andaba
atento a quien pudiese proponer algo distinto, así que yo estaba neutro. Italia
hizo el primer gol y el Renzo lo gritó a todo pulmón. Todos lo quedaron mirando
feo y cuando empató Brasil, le gritaron el gol en la cara. Luego Italia se puso
en ventaja de nuevo y pasó lo mismo, esta vez eso sí lo agarraron a chuchada
limpia al pobre Renzo, recibió algunos empujones y cachamales entre risas e
insultos. En ese momento tuve que ir a
la pieza, ya no recuerdo el motivo y desde allá se escuchó un feroz bramido
desde la sala de la tele, Brasil había empatado. Tuve que permanecer en la
pieza y al rato se siente una carrera por la sala de estudios y entra el Renzo medio desesperado, cerrando
la puerta con el cuerpo, igual que el gato Silvestre cuando pasaba por el patio
de los perros, todo desordenado, despeinado y con la camisa afuera, pero feliz y gritando ¡¡ganó Italia!!
La evidente falta de privacidad de vivir entre 48 personas en
una pieza prácticamente no se notaba, debido
al excelente ambiente de
camaradería que había por todas partes en el Hogar. El fin de semana no
faltaban las fiestas o peñas en alguno de los casinos de las sedes de la
universidad o en el terminal de buses, en el sindicato de pescadores o en la
compañía de bomberos al lado del cine Nacional, si es que la U estaba tomada.
La universidad permitía a todas las carreras, clubes y asociaciones internas
utilizar estos recintos para financiarse y había competencias por lograr la
mejor fiesta. De hecho, Marco Torrico, el primer DJ de Chile, salió de estas
fiestas y luego se instaló con su propia disco en el sector del Huáscar. Cada
cierto tiempo lo entrevistan por que tiene los equipos más avanzados y va
marcando la pauta al resto del país.
Ayudó mucho que en la década de los ochenta se produjo una explosión de
creatividad musical en el mundo, que por estos lados generó el Rock Latino, a
partir de la prohibición en Argentina de la música en inglés por la guerra de
las Malvinas.
La música que se produjo en los ochenta es de tal calidad, que
algunos investigadores llegan a afirmar que en esa década se produjo “toda la
música”, para explicar la mediocridad creativa en las décadas posteriores. Esto
se puede comprobar recorriendo el dial, hay todavía un montón de radios cuya
programación está basada en esta música y a las nuevas generaciones les gusta bastante, aunque les cuesta reconocerlo, lo que permite un punto de encuentro entre padres e hijos.
He conversado con
mucha gente que estudió en la misma época en Santiago y en otras ciudades, no
he encontrado ningún relato de algún ambiente parecido, al parecer lo más fome
en este sentido era estudiar en Santiago, según confesión del propio Capitán y del
Chirola, quienes se trasladaron a la USACH y después estaban medios arrepentidos de haber perdido el muy buen ambiente universitario antofagastino. El Care' Malo también corrobora lo mismo.
De hecho, nunca supe de alguna fiesta en la U.
del Norte y muchos de sus alumnos asistían a las fiestas nuestras.
Por cierto, que este gran ambiente nocturno de los fines de
semana hubiera sido imposible de disfrutar si se hubiesen respetado los
horarios de entrada en el Hogar, a las 00:00 en los días de semana, que se
extendía hasta la 1:00 los viernes y sábado.
La pendiente de la calle Poupin permitía que la reja de
protección de la última ventana del primer piso funcionara como una perfecta
escalera que permitía acceder a la misma ventana del segundo piso. Ésta era la
entrada alternativa más evidente y utilizada después del horario de cierre de
la puerta.
Confieso como buen noctámbulo (casi todos mis apodos han tenido que
ver con vampiros, con excepción del Ratón Ramírez, obra de una venganza del Sotelo y el apodo Mike Hammer
obra del Mandrake), que además había una entrada de emergencia muy complicada
por el lado del segundo piso de los dormitorios de la U.del Norte y la más
peluda de todas era por el portón trasero del hogar, que era muy difícil de
trepar y además debía coincidir con que estuviese abierta un puerta de acceso
interior.
Ambas las utilicé cuando la ventana del segundo estuvo
excepcionalmente cerrada.
Hay muchas anécdotas
de esa ventana, recuerdo cuando empezaron a tirar agua desde el tercer piso a
los que venían trepando y todos se lo tomaban con humor, hasta que subió el
Macana con su chaqueta de cuero negra nuevecita.
Yo presencié esa escena desde
una ventana en la esquina del dormitorio. El panfleto Vergara le dejó caer un
choquero grande lleno de agua, debe haber sido medio litro e impactó de lleno
en la cabeza.
Al momento de ver la espectacular imagen con el agua explotando sobre la cabeza del pobre Macana contra la luz del poste, todos corrimos a hacernos los lesos, ya que sabíamos
que habíamos quebrado un código al hacerle una broma a uno de los antiguos del Hogar y además sabíamos del mal
genio de este buen compañero. Vergara andaba como siempre en sus calzoncillos
blancos y se metió a su cama y con el Care ‘Paco y Ulises retomamos nuestros
puestos en la sala de estudios. Los momentos
que siguieron parecen sacados de una película tipo Porky’s:
Macana ingresó a
la sala de estudios con el rostro desencajado de rabia, empapado completo, dio
un tremendo portazo y nosotros empezamos con la correspondiente actuación:
- Compare que le
pasó?!!
- Cómo qué me pasó?! – empezó a gritar furioso- Quien fue,
no se hagan los hueones, ustedes tienen que saber! – Ernesto tú tienes que
saber!!
Yo le expliqué junto con el
Care’ paco que estábamos estudiando allí y que no nos habíamos movido.
Ulises
se refugiaba en su máscara de habitual tranquilidad e inocencia. Todas eran
actuaciones dignas de un Oscar. Pero el Macana no se calmaba. En eso abrió la
puerta del dormitorio el mismísimo panfleto Vergara preguntando qué
pasaba, con cara de extrañado y simulando que venía despertando.
Hizo los
mismos gestos de asombro, declaró que no tenía idea, expresó palabras de apoyo,
se devolvió tranquilamente a acostarse y nosotros nos quedamos con el Macana
convertido en un demonio, insistiendo en que no nos creía. Era imposible
reírse, al que se le hubiera salido la risa el Macana lo hubiera matado. Por
fin entró al dormitorio y nosotros sabíamos que no podíamos reírnos todavía porque
podía estar espiando detrás de la puerta. Luego pasó como una hora y habíamos
logrado aguantar la risa y no mencionar el asunto hasta estar seguros de que se
hubiera dormido, cuando salió de nuevo como una tromba desde el dormitorio
gritando
- ¡¡Es que no puede ser que no sepan!!
A esta altura ya no lo pescamos y se dio unas cuantas vueltas
por la sala de estudios y volvió a entrar al dormitorio. La broma se transformó
en un secreto por un buen tiempo y el panfleto Vergara durmió tranquilamente
esa noche, seguramente después de haberse reído hasta el cansancio.
Los Departamentos
Ya se me confunde en la memoria, pero debe haber sido en el
segundo semestre del ’83, cuando
volvimos de las vacaciones, nos informaron que estábamos ahora asignados a los
departamentos, me correspondió uno de 4
camarotes en el segundo piso, accediendo por la escalera contigua a la sala de
estudios de la U. del Norte, detrás de la portería. Allí conocí a grandes
amigos hasta el día de hoy, como Alejandro Mora, con quien me encontré después
en Chuquicamata. También estaba El Care Torta, cuyo sobrenombre lo dice todo, era una persona extremadamente alegre,
con quien perdí contacto después de salir de la UA. La vida en los departamentos era mucho más privada y tranquila, pero se
extrañaba la alegría y convivencia del gran dormitorio, al que regresé un año
después, cuando los remodelaron y organizaron dividiéndolos en base a cuatro
módulos con cuatro camarotes cada uno.
En Chile se produjo una crisis económica que se intentó
palear con programas de emergencia, los tristemente famosos Pem y Pojh. Los
hermanos Lara (Toño y Julio, el Alemán) del primer piso, siempre estaban
enterados antes que nadie de algunas posibilidades y ya estaban trabajando en
este proyecto, así que con algunos Compares partimos a ver si se podía
participar. Recuerdo que llegamos a un cerro y la gente estaba tirando pala y
cargando carretillas, había muchas personas adultas, seguramente jefes de
hogar, que se peleaban los turnos, así que rápidamente nos devolvimos.
El
Alemán siempre estaba cambiándole los sobrenombres a Sotelo a quien le decía
básicamente Chato, una palabra muy usada en el norte. Así cuando Sotelo salía a
trotar, el Alemán le decía Chatopeck (por Emil Zatopeck el gran fondista
olímpico) y en esta ocasión le puso Chatopojh.
También veíamos por las noticias,
entre el asombro y la incredulidad, el desarrollo de la Guerra de Las Malvinas.
Debido a que era alumno de mecánica, tenía compañeros por
todos lados en el Hogar, lo que me permitió conocer bien el recinto y tener
buenos amigos en todos los dormitorios.
Ir al primer piso significaba
encontrarse siempre con el Chavo y el Care Malo estudiando o dibujando en la
sala; Si uno ingresaba al dormitorio, habitualmente el Archi ofrecería de
inmediato unos rounds de entrenamiento de box con mucho entusiasmo, mezclados
con una extraña actitud paternal cuando estaba calmado. Phil Collins (Riffo)
estaba fumando relajado y para el lado del baño siempre se veía el camarote de
Pablo Morales Marzán cerrado por todos lados y rodeado de rumas de documentos
antiguos.
El Alemán siempre estaba por allí y saludaba de inmediato con algún
chiste o broma, lo mismo que Che Carlitos Vásquez y el Chepo Sepúlveda. Por
algún motivo que nunca entendí, este
piso siempre se veía un poco desordenado y la ventilación era escasa, por lo
que la gente de los demás pisos los molestaba siempre. Por encima de los
casilleros había anafes, choqueros , radio-cassettes, cucharas y cajas de té
(La Rendidora de Té Supremo era la más consumida).
Me vienen a la memoria
algunas anécdotas inolvidables de ese piso, como la vez en que no hallaban de
que disfrazarse para ir a una fiesta de disfraces de bienvenida en la sede sur,
ya que con disfraz la entrada era gratis, de lo contrario se pagaba y
finalmente improvisaron a Jesús y los doce apóstoles con unas sábanas, desarmaron
un camarote de madera e hicieron una gran cruz, me parece que el alemán hacía
el papel de Jesús ya que usaba barba y era entre rubio y pelirrojo, los
apóstoles fueron mucho más de doce, pero lograron entrar todos gratis.
Lo
divertido era que ya dentro de la fiesta no se dispersaron, si no que siguieron
disciplinadamente actuando el papel y andaban por los rincones y en medio de la
pista de baile en una fila y se detenían para una predica. Jesús hacía el gesto
de estar hablando y los apósteles se arrodillaban, era muy chistoso. También
recuerdo que un domingo dieron una muestra de gran organización, porque se
había acabado el gas y les tocaba turno en la cocina y a punta de puros
calentadores lograron hacer igual la once y sacar adelante la tarea, con el
Toño Lara liderando la actividad.
El desafío del Archi en el box minero es otra gran anécdota
que prefiero la escriba alguien de ese piso. Recuerdo bien que el Archi al otro
día lo único que le preocupaba era el reto que se iba a llevar de sus hermanas.
Tengo dos escenas grabadas de las últimas veces que vi al Archi, una cuando me
mostró orgulloso una foto de su flamante esposa, una boliviana de Santa Cruz
preciosa como una muñeca y dos años después, en que me dijo apesadumbrado que
el matrimonio era algo muy complicado.
El segundo piso
Recuerdo a algunos Compares
del segundo piso de los antiguos dormitorios antes de que se remodelaran
con módulos y los ubicaba debido a que compartíamos el plan común de Ingeniería
y solíamos estudiar juntos en la sala de
estudios de la norte; Fuimos compañeros deportivos con el Alan Mella,
compañeros en el grupo Elecda(*) con el Bruno Peirano, también jugamos voleibol
con el Sasquach Alejandro González y constantemente a la pelota con los
hermanos Álvarez (Snoopy y Mandrake), el Tarro Carlos Zúñiga, El Ché Ramón y
entrañables amigos como el Baretta Milton Vargas, el Capitán Cavernícola y
tantos más.
(Anécdota del Capitán y la trampa de la ventana)
(Anécdota del Auxiliar Cárcamo que pedía peaje)
(Anécdota del Mojón récord Guinnes)
El Tercer Piso
A lo ya relatado de la primera etapa del tercer piso, se
puede agregar que la etapa de los módulos fue la más larga en términos de
tiempo, allí compartí con mi compadre Ulises Tello, Mauricio Concha (con quién
éramos vecinos en Malloco sin saberlo,
nuestras casas estaban a menos de 3 cuadras), Guillermo Vergara, José Loncopán,
etc., En el primer módulo estuvo Víctor Abarca, Suzarte, etc.
Dentro de lo
anecdótico, llegaron dos compañeros de mi curso en la básica en Santiago, pero
duraron poco. En los otros módulos recuerdo a Víctor Pinilla, al Guatón Albornoz,
al Huaso Mora, El Care Paco José Orellana, el Peter Rasca, El Pingüino que
venía de Punta Arenas, El Inglés, El Mortadela, Guido Muñoz, los hermanos Media
Hora, por cierto a mi compadre Mendieta, que se acuerda mucho más de los
nombres, (Favor complementar).
En el tercer piso teníamos la garantía de la
escalera hacia el techo, lo que representaba una suerte de patio exterior
disponible a toda hora, con una vista privilegiada a la ciudad. También hay
varias anécdotas con ese lugar.
Según recuerdo, el Hogar como edificio duró hasta 1987 para
ser transformado en un colegio y en el primer semestre del ’88 nos trasladaron
al Hogar que estaba en Angamos detrás del Supermercado Korlaet, conocido como
La Manzana en ese tiempo. La mayor parte de la facultad de ingeniería se estaba
trasladando también a las nuevas instalaciones en la ciudadela construida en la sede
sur.
Alcancé a estar unos meses, era espectacular, tres alumnos por dormitorio,
clósets individuales y agua caliente en las duchas. Ese es actualmente el Hogar
de varones de la UA, se llama Gabriela Mistral y los cabros tienen salas de
computación, televisores HD, incluso hasta gimnasio interno. No tienen
restricciones de horario.
Anécdotas (Favor Aportar)
Los camarotes desaparecidos y los somieres sin tablas
Una broma pesada que estuvo de moda durante un tiempo corto,
era sorprender al compañero que venía llegando para verle la cara cuando
entraba al dormitorio y en el lugar donde se suponía que estaba su camarote,
sólo se encontraba un lugar vacío.
Y resultaba realmente gracioso ver las
expresiones de los Compares. Por cierto, nadie le decía donde lo habían
escondido y había que emprender la búsqueda ridícula de encontrar un enorme
camarote dentro del dormitorio…
Al principio los escondían muy bien detrás de los casilleros, desarmándolos por supuesto.
También se usó la pequeña habitación destinada al aseo como escondite. Como
después la broma se volvió muy predecible, algunos Compares llegaron al extremo
de colgar todo el camarote desarmado hacia la calle por las ventanas, hasta que
una vez el negro Suzarte llegó con los monos de la universidad, hastiado por
alguna mala tarde y llegó directo a tirarse a su camarote y no encontró nada. A
su lado estaba el Manzana Juan Carlos Contreras, quien tuvo la mala idea de
reírse y el negro lo agarra y le empieza a dar una lluvia de combos donde le cayeran,
mientras el Juan Carlos tuvo una buena reacción y se cubrió como pudo y le
gritaba al Suzarte que no iba a pelear con él. Así, llegaron hasta el extremo
de la habitación hasta que pudimos separarlos, en realidad, controlar al negro
que estaba convertido en un demonio.
Allí terminaron esas bromas, que estaban
limitadas al tercer piso, donde había camarotes metálicos.
En los pisos
restantes había camarotes de madera y pude ver una broma equivalente en el segundo piso, se la hicieron a los que
gustaban de tomar vuelo corriendo para tirarse a sus camas, en un par de
ocasiones les quitaron los travesaños que servían de somier y los compares
pasaron directos al suelo, una vez vi una caída espectacular desde la parte
superior del camarote, afortunadamente al Compare no le pasó nada, ya que el
piso era de madera también y amortiguaba las caídas.
El Kuto y los mormones
En el Hogar se jugaba baby-fútbol los fines de semana y
siempre había dos problemas, conseguir una pelota y una cancha cerca. Las
canchas de la sede Angamos quedaban a más de dos kilómetros y había que
realizar un trámite previo para conseguirlas, así que no eran alternativa. Conseguir
una pelota era más fácil y cerca del Hogar había dos canchas, una en muy malas condiciones de
la iglesia evangélica y otra espectacular de la iglesia mormona.
El Kuto me
pedía encargarme de las negociaciones y normalmente lograba el préstamo. La
primera vez que me conseguí la cancha de los mormones, el Elder a cargo me dijo
que no había ningún problema, pero debíamos cumplir con dos condiciones: No
sacarnos las camisetas y especialmente, no decir garabatos. Así que antes de
empezar el juego, advertí a todos de
estas condiciones y mi compare Kuto me cerró un ojo, y me dijo “-de qué se
preocupa, Compare-“
Empezó la pichanga y esa vez jugamos contra el equipo del
segundo piso, que tenían muy buenos jugadores, El Tarro Zúñiga, El Ché Ramón, El
Mandrake y el Snoopy, todos habilidosos con la pelota. Nosotros no lo hacíamos
nada de mal, con el Lobito y el Kuto que eran muy buenos, yo algo aportaba,
pero nos empezaron a ganar y el Kuto no estaba acostumbrado a perder, así que
empezó a echar chuchadas y yo me acercaba disimuladamente sin que se notara y
le pedía que se calmara para que no nos echaran y nos siguieran prestando la
cancha. –“Ya Compare, ya entendí-“ me decía el Kuto, hasta que a la tercera vez
de nuevo el Kuto estaba echando chuchadas después que nos hicieron otro gol, me
acerqué y el Kuto me miró ya con los ojos rojos y empezó a
gritar a todo pulmón un rosario del cual nunca me he olvidado:
-
Y qué mormones culiaos!! Métanse su cancha y su
iglesia por la raja!! Imperialistas de mierda váyanse a su país!! Gringos
culiaos!!....
Así que en medio de la vergüenza,
todos agachamos la cabeza y sin que nadie nos dijera nada, abandonamos la
cancha de los mormones...
Pero se nos pasó rápido y a los dos meses estábamos
jugando allí de nuevo. El Elder nunca escuchó las chuchadas del Kuto a su
iglesia y a sus santos de los últimos días y nos siguieron prestando
continuamente el recinto. Esa cancha todavía existe en la calle Avelino
Contardo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario