domingo, 9 de febrero de 2020






Vivencias y Anécdotas  del Hogar Universitario Matías Rojas en Antofagasta 

1982 - 1987

Introducción

Durante gran parte de los años ochenta, existió en Antofagasta el Hogar Universitario Matías Rojas. Llegó a albergar aproximadamente 210 alumnos en su máxima capacidad, en parte del edificio que había servido como escuela para formación de profesores normalistas hasta 1974.

De los espacios destinados a dormitorios, cocina, lavandería y salas de estudio de aquella Escuela Normal, cuya entrada estaba en el número 1522 de la calle Matías Rojas, se formó este internado, con estudiantes de la Universidad del Norte y de la recién formada Universidad de Antofagasta (20/3/1981), que fusionó los campus provinciales de la Universidad Técnica del Estado y la Universidad de Chile.

Con el tiempo, algunas personas que vivieron allí fueron tomando consciencia del valor de aquella experiencia, en términos de fraternidad, camaradería, diversidad, apoyo mutuo, respeto, compañerismo, excelencia académica, deporte, sana competencia y la incomparable alegría de vivir de la juventud. Los recuerdos de esos años resultan tan gratos, que ha motivado a intentar plasmarlos en un texto para que no se pierdan en el tiempo y por cierto, poder complementarlo y enriquecerlo entre todos los hogareños con quienes se tuvo el honor de compartir ese tiempo maravilloso al inicio de la vida adulta, cuando ser universitario en Chile era un privilegio al cual muy pocos podían acceder y que  automáticamente nos dejaba formando parte de una élite, en una época complicada para nuestro país.

Primera Parte

El puerto principal de la segunda región era conocido a principio de los ’80s como “Antofagasta Dormida”, debido al escaso desarrollo y actividad económica de la ciudad.  A pesar de ello, estábamos rodeados de cierta prosperidad, ya que el Hogar Universitario estaba ubicado en la parte centro-sur de la ciudad, que contaba con el Parque Brasil a pocas cuadras y un incipiente  Paseo del Mar, donde era entretenido pasear a todas horas, trotar e incluso bañarse en sus pozas artificiales, que recibían agua desde el mar. Estas pozas tenían arena en el fondo y un sistema de evacuación del agua por unos orificios inferiores bajo una barrera de piedras que separaba la poza del mar y que funcionaba como rompe-olas. El sistema era simple pero ingenioso, aprovechaba la recogida de la ola para renovar constantemente el agua. Con algunos amigos hogareños y compañeros de carrera, disfrutamos de gratos momentos en esos lugares.

De cualquier forma, pienso que nadie soñaba, ni el más optimista de los que apoyaban el modelo económico, que presenciaríamos en primera persona una de las transformaciones más dramáticas  que una región haya experimentado en Latinoamérica , al punto que el ingreso per cápita de la segunda región de Chile llegó a ser similar al del Reino Unido en 2012. Vi a varias personas volverse millonarias en los años ’90, entre ellos gente común y corriente, sin estudios superiores y  conservo dos amigos millonarios en dólares que partieron desde cero, hijos de obreros, una es mujer, justamente una ex compañera de la universidad y contrario a todo lo que podría pensarse, es una activa partidaria de la izquierda política.

Esa transformación se produjo gracias al desarrollo de nuevas tecnologías que permitieron explotar yacimientos mineros que antes no eran rentables y a la puesta en marcha de la Minera Escondida, que benefició directamente a Antofagasta. Si bien se trata de una prosperidad frágil, ya que no se han establecido industrias que permitan aprovechar nuestro expertizaje minero para exportar tecnología, es innegable el avance experimentado por la ciudad.  

Los  campus de la recién estrenada Universidad de Antofagasta, formada por las ex sedes provinciales de la Universidad Técnica del Estado y la Universidad de Chile, estaban aún más al sur,  sin duda el sector más atractivo de la ciudad. En varias oportunidades, agotado por el sueño o aburrido de alguna clase fome (la mayoría en los primeros años del plan común de ingeniería), salté el muro de la facultad y me fui a dormir a la playa del Balneario Municipal, a una cuadra de distancia, una pequeña formación artificial con arena blanca. También frente a la sede sur descubrimos una piscina natural dispuesta paralelamente al mar, formada entre las rocas y que tenía sectores con profundidad suficiente como para tirarse piqueros y nadar algunos metros.  

 ¿Alguien más habrá tenido la oportunidad de estudiar en la universidad con una playa de arenas blancas a una cuadra de distancia? En resumen, el entorno era muy grato, considerando además el clima de puerto, cuyas temperaturas oscilaban entre 14 y 22 °C, con atardeceres gloriosos casi todos los días, gracias a las espectaculares puestas de sol que era posible observar desde nuestra casa de estudios. Busco en mi memoria si hay alguna otra sede universitaria en Chile que ofreciera algo similar, me parece que no, con excepción de la sede Isla Teja de la Universidad Austral que puede competir en belleza escénica, pero no así en clima.

En el Chile de principio de los ‘80 ingresaban a las universidades alrededor de cien mil estudiantes. Constituía todo un logro, orgullo y un motivo de respeto ser estudiante universitario en ésa época. Hoy ingresan alrededor de 1 millón doscientos mil al sistema de educación superior y casi está resultando más difícil no lograr un cupo que hacerlo. En este sentido también fuimos privilegiados, vivimos la época romántica de ser parte de una élite de los mejores estudiantes del país. Recuerdo que mi carné de estudiante universitario me abría montones de puertas, sólo por el hecho de serlo. Confieso que más de alguna vez también abrí una puerta de verdad forcejeando con el carné plastificado.

Ingreso al Hogar

Después de pasar dos semestres en pensiones, mi amigo, compañero, compadre y gran adversario en ajedrez y en la pista de atletismo Alberto Sotelo me habló del Hogar Universitario. Me habían echado de la primera pensión en la calle Sucre después de una áspera discusión religiosa con los dueños de casa, quienes deseaban convertirme al cristianismo evangélico. De allí me recibió mi gran amigo y compañero  Nelson Molina (Posteriormente y por un breve tiempo Hogareño del segundo piso, Q.E.P.D.)que vivía  en la calle Serrano en casa de su hermana, donde estuve unos meses y  luego de entrevistarme con la asistente Gladys García y aportar los documentos requeridos, me ofrecieron un cupo en el Hogar. Se trataba en el fondo de una beca que incluía alimentación y que debía ser mantenida con un rendimiento académico exigente.

La primera vez que ingresé al Hogar me asignaron al tercer piso, donde según recuerdo, había una multitud de gente, antes de que se hicieran las mejoras y los espacios libres se dividieran en módulos con cuatro camarotes. Recuerdo que la sensación de pollo nuevo tratando de ubicarme duró poco, ya a los pocos minutos tuve mi primer ataque de risa: pasó por mi lado un tipo vestido bastante formal con unos lentes cuadrados grandes de marco negro y un copete peinado hacia atrás…se parece a….a quién cresta se parece?

-Compare Clark Kent! – gritó alguien desde el fondo llamándolo y no pude resistir la risa por lo acertado del sobrenombre y a duras penas logré disimular.

 Más tarde, los más antiguos del piso, que eran dos payasos realmente muy graciosos, Cool Mc Cool y Riquelme, me tomaron de los brazos y me fueron presentando a todos pero solamente con el sobrenombre, riéndose a carcajadas en la cara de cada una de ellos:

“Mire Compare, este hueón que vive en esta pocilga insalubre de camarote dice ser del área de la salud, pero fuma como chimenea y antes de terminar la carrera se va a morir de cáncer. Le decimos Don Chuma y no sabemos hasta ahora como cresta se llama, lo único que sabemos es que nunca come y siempre está fumando ja já jaá” y se doblaban de la risa. Luego me llevaban donde otro y así sucesivamente. Fue un verdadero show y la mejor forma de conocerlos a todos, sin dejar de asombrarme por lo preciso de la mayoría de los sobrenombres, eran verdaderos artistas. También me quedó claro que pronto me bautizarían, no se salvaba nadie.

En términos de cifras, me parece que había 24 camarotes uno dispuesto al lado del otro cerca de los ventanales que daban a la calle Antonio Poupin  y los casilleros correspondientes quedaban apegados a la pared opuesta. La sala de estudios del piso, que funcionaba como antesala al dormitorio, casi siempre estaba llena, por lo que solía irme a estudiar a la gran sala del primer piso, que entiendo estaba asignada a los alumnos de la Universidad del Norte, quienes ocupaban los dormitorios ubicados por el lado de la calle Matías Rojas y no tenían salas de estudio en los pisos superiores. No recuerdo si había servicio de desayuno en ese tiempo, antes de que remodelaran e hicieran la sala de estudios azul con la cocina.

Sala de televisión

La sala de televisión ubicada en los pasillos del tercer piso frente a la pieza del Kuto estaba en general con poca gente, tenía un gran sillón individual de cuero que era conocido como el sillón maldito, ya que era muy cómodo y era más fácil dormir allí que pararse. Aparte, tenía otro sillón de dos o tres cuerpos y varias sillas. Recuerdo un par de anécdotas:

La vez que la vi más llena fue cuando dieron una noche de domingo la película Superman en TVN. Recuerdo que llegaron hasta los más antiguos del hogar como el Einer, el Tecito con té, etc., y  el ambiente no podía ser más jocoso entre la espera del inicio de la película, molestando al Compare Clark Kent y el Guata e’Quiltro, quien insultaba a gritos a quien se cruzara por la pantalla:

¡¡ Sale concha e’ tu manga!!! Le gritaba al que se atrevía a cortarle la vista y el payaseo se volvía un total silencio y concentración cuando terminaban los comerciales. Así, la película terminó y el Einer estaba muy contento mirando y le gritaba a la pantalla a cada rato – ¡¡Ése es mi Compare Superman!!, mientras felicitaba con palmotadas en el hombro al compare Clark Kent.
Pronto algunos se empezaron a parar para irse, cuando en medio de los créditos finales de la película, sale una vez más Superman volando, pero llevaba esta vez una inmensa bandera norteamericana en la mano y saludaba a la pantalla, entonces quedó la escoba, el Einer y todos los más antiguos empezaron a insultar a Superman..

 – ¡¡Conchetumare Imperialista, Yanqui Culiao, Hijo e’ puta!! Y toda la alegría se esfumó en un segundo, transformándose en un  interminable recital de maldiciones contra Superman en la tele y de reojo, contra el pobre Clark Kent, quien pasó rápidamente de ser el regalón del momento, a recibir algunos empujones y a posible víctima del enojo contra la forma en que terminó la película. 

Afortunadamente logró escabullirse rápido hacia el pasillo y salvó ileso. Superman había sobrevivido la ira anti-imperialista.
 
Brasil – Italia

También la sala tuvo un lleno total para el partido del mundial España ‘82 entre Italia y Brasil. Prácticamente todos estaban a favor de Brasil y el único a favor de Italia era el murciélago Renzo Sabella. Siempre me ha gustado el fútbol, pero a esa altura ya los brasileños me tenían aburrido con su estilo de juego muy vistoso pero desequilibrado en defensa y andaba atento a quien pudiese proponer algo distinto, así que yo estaba neutro. Italia hizo el primer gol y el Renzo lo gritó a todo pulmón. Todos lo quedaron mirando feo y cuando empató Brasil, le gritaron el gol en la cara. Luego Italia se puso en ventaja de nuevo y pasó lo mismo, esta vez eso sí lo agarraron a chuchada limpia al pobre Renzo, recibió algunos empujones y cachamales entre risas e insultos.  En ese momento tuve que ir a la pieza, ya no recuerdo el motivo y desde allá se escuchó un feroz bramido desde la sala de la tele, Brasil había empatado. Tuve que permanecer en la pieza y al rato se siente una carrera por la sala de estudios  y entra el Renzo medio desesperado, cerrando la puerta con el cuerpo, igual que el gato Silvestre cuando pasaba por el patio de los perros, todo desordenado, despeinado y con la camisa afuera, pero feliz  y gritando ¡¡ganó Italia!!    

La evidente falta de privacidad de vivir entre 48 personas en una pieza prácticamente no se notaba, debido  al  excelente ambiente de camaradería que había por todas partes en el Hogar. El fin de semana no faltaban las fiestas o peñas en alguno de los casinos de las sedes de la universidad o en el terminal de buses, en el sindicato de pescadores o en la compañía de bomberos al lado del cine Nacional, si es que la U estaba tomada.

La universidad permitía a todas las carreras, clubes y asociaciones internas utilizar estos recintos para financiarse y había competencias por lograr la mejor fiesta. De hecho, Marco Torrico, el primer DJ de Chile, salió de estas fiestas y luego se instaló con su propia disco en el sector del Huáscar. Cada cierto tiempo lo entrevistan por que tiene los equipos más avanzados y va marcando la pauta al resto del país.  Ayudó mucho que en la década de los ochenta se produjo una explosión de creatividad musical en el mundo, que por estos lados generó el Rock Latino, a partir de la prohibición en Argentina de la música en inglés por la guerra de las Malvinas.

La música que se produjo en los ochenta es de tal calidad, que algunos investigadores llegan a afirmar que en esa década se produjo “toda la música”, para explicar la mediocridad creativa en las décadas posteriores. Esto se puede comprobar recorriendo el dial, hay todavía un montón de radios cuya programación está basada en esta música y a las nuevas generaciones les gusta bastante, aunque les cuesta reconocerlo, lo que permite un punto de encuentro entre padres e hijos.

He conversado con mucha gente que estudió en la misma época en Santiago y en otras ciudades, no he encontrado ningún relato de algún ambiente parecido, al parecer lo más fome en este sentido era estudiar en Santiago, según confesión del propio Capitán y del Chirola, quienes se trasladaron a la USACH y después estaban medios arrepentidos de haber perdido el muy buen ambiente universitario antofagastino. El Care' Malo también corrobora lo mismo. 

De hecho, nunca supe de alguna fiesta en la U. del Norte y muchos de sus alumnos asistían a las fiestas nuestras.     

Por cierto, que este gran ambiente nocturno de los fines de semana hubiera sido imposible de disfrutar si se hubiesen respetado los horarios de entrada en el Hogar, a las 00:00 en los días de semana, que se extendía hasta la 1:00 los viernes y sábado.

La pendiente de la calle Poupin permitía que la reja de protección de la última ventana del primer piso funcionara como una perfecta escalera que permitía acceder a la misma ventana del segundo piso. Ésta era la entrada alternativa más evidente y utilizada después del horario de cierre de la puerta.

Confieso como buen noctámbulo (casi todos mis apodos han tenido que ver con vampiros, con excepción del Ratón Ramírez, obra de una venganza del Sotelo y el apodo Mike Hammer obra del Mandrake), que además había una entrada de emergencia muy complicada por el lado del segundo piso de los dormitorios de la U.del Norte y la más peluda de todas era por el portón trasero del hogar, que era muy difícil de trepar y además debía coincidir con que estuviese abierta un puerta de acceso interior. 

Ambas las utilicé cuando la ventana del segundo estuvo excepcionalmente cerrada.

 Hay muchas anécdotas de esa ventana, recuerdo cuando empezaron a tirar agua desde el tercer piso a los que venían trepando y todos se lo tomaban con humor, hasta que subió el Macana con su chaqueta de cuero negra nuevecita. 

Yo presencié esa escena desde una ventana en la esquina del dormitorio. El panfleto Vergara le dejó caer un choquero grande lleno de agua, debe haber sido medio litro e impactó de lleno en la cabeza. 

Al momento de ver la espectacular imagen con el agua explotando sobre la cabeza del pobre Macana contra la luz del poste, todos corrimos a hacernos los lesos, ya que sabíamos que habíamos quebrado un código al hacerle una broma a uno de los antiguos del Hogar y además sabíamos del mal genio de este buen compañero. Vergara andaba como siempre en sus calzoncillos blancos y se metió a su cama y con el Care ‘Paco y Ulises retomamos nuestros puestos en la sala de estudios.  Los momentos que siguieron parecen sacados de una película tipo Porky’s:

Macana ingresó a la sala de estudios con el rostro desencajado de rabia, empapado completo, dio un tremendo portazo y nosotros empezamos con la correspondiente actuación:

 - Compare que le pasó?!!

- Cómo qué me pasó?! – empezó a gritar furioso- Quien fue, no se hagan los hueones, ustedes tienen que saber! – Ernesto tú tienes que saber!! 

Yo le expliqué junto con el Care’ paco que estábamos estudiando allí y que no nos habíamos movido. 

Ulises se refugiaba en su máscara de habitual tranquilidad e inocencia. Todas eran actuaciones dignas de un Oscar. Pero el Macana no se calmaba. En eso abrió la puerta del dormitorio el mismísimo panfleto Vergara preguntando qué pasaba, con cara de extrañado y simulando que venía despertando.

 Hizo los mismos gestos de asombro, declaró que no tenía idea, expresó palabras de apoyo, se devolvió tranquilamente a acostarse y nosotros nos quedamos con el Macana convertido en un demonio, insistiendo en que no nos creía. Era imposible reírse, al que se le hubiera salido la risa el Macana lo hubiera matado. Por fin entró al dormitorio y nosotros sabíamos que no podíamos reírnos todavía porque podía estar espiando detrás de la puerta. Luego pasó como una hora y habíamos logrado aguantar la risa y no mencionar el asunto hasta estar seguros de que se hubiera dormido, cuando salió de nuevo como una tromba desde el dormitorio gritando

- ¡¡Es que no puede ser que no sepan!!

A esta altura ya no lo pescamos y se dio unas cuantas vueltas por la sala de estudios y volvió a entrar al dormitorio. La broma se transformó en un secreto por un buen tiempo y el panfleto Vergara durmió tranquilamente esa noche, seguramente después de haberse reído hasta el cansancio.

Los Departamentos

Ya se me confunde en la memoria, pero debe haber sido en el segundo semestre del  ’83, cuando volvimos de las vacaciones, nos informaron que estábamos ahora asignados a los departamentos,  me correspondió uno de 4 camarotes en el segundo piso, accediendo por la escalera contigua a la sala de estudios de la U. del Norte, detrás de la portería. Allí conocí a grandes amigos hasta el día de hoy, como Alejandro Mora, con quien me encontré después en Chuquicamata. También  estaba El Care Torta, cuyo sobrenombre lo dice todo, era una persona extremadamente alegre, con quien perdí contacto después de salir de la UA.  La vida en los departamentos  era mucho más privada y tranquila, pero se extrañaba la alegría y convivencia del gran dormitorio, al que regresé un año después, cuando los remodelaron y organizaron dividiéndolos en base a cuatro módulos con cuatro camarotes cada uno.

En Chile se produjo una crisis económica que se intentó palear con programas de emergencia, los tristemente famosos Pem y Pojh. Los hermanos Lara (Toño y Julio, el Alemán) del primer piso, siempre estaban enterados antes que nadie de algunas posibilidades y ya estaban trabajando en este proyecto, así que con algunos Compares partimos a ver si se podía participar. Recuerdo que llegamos a un cerro y la gente estaba tirando pala y cargando carretillas, había muchas personas adultas, seguramente jefes de hogar, que se peleaban los turnos, así que rápidamente nos devolvimos.

El Alemán siempre estaba cambiándole los sobrenombres a Sotelo a quien le decía básicamente Chato, una palabra muy usada en el norte. Así cuando Sotelo salía a trotar, el Alemán le decía Chatopeck (por Emil Zatopeck el gran fondista olímpico) y en esta ocasión le puso Chatopojh. 

También veíamos por las noticias, entre el asombro y la incredulidad, el desarrollo de la Guerra de Las Malvinas.

 El Primer piso.

Debido a que era alumno de mecánica, tenía compañeros por todos lados en el Hogar, lo que me permitió conocer bien el recinto y tener buenos amigos en todos los dormitorios.

Ir al primer piso significaba encontrarse siempre con el Chavo y el Care Malo estudiando o dibujando en la sala; Si uno ingresaba al dormitorio, habitualmente el Archi ofrecería de inmediato unos rounds de entrenamiento de box con mucho entusiasmo, mezclados con una extraña actitud paternal cuando estaba calmado. Phil Collins (Riffo) estaba fumando relajado y para el lado del baño siempre se veía el camarote de Pablo Morales Marzán cerrado por todos lados y rodeado de rumas de documentos antiguos.
El Alemán siempre estaba por allí y saludaba de inmediato con algún chiste o broma, lo mismo que Che Carlitos Vásquez y el Chepo Sepúlveda. Por algún motivo que nunca entendí,  este piso siempre se veía un poco desordenado y la ventilación era escasa, por lo que la gente de los demás pisos los molestaba siempre. Por encima de los casilleros había anafes, choqueros , radio-cassettes, cucharas y cajas de té (La Rendidora de Té Supremo era la más consumida).

Me vienen a la memoria algunas anécdotas inolvidables de ese piso, como la vez en que no hallaban de que disfrazarse para ir a una fiesta de disfraces de bienvenida en la sede sur, ya que con disfraz la entrada era gratis, de lo contrario se pagaba y finalmente improvisaron a Jesús y los doce apóstoles con unas sábanas, desarmaron un camarote de madera e hicieron una gran cruz, me parece que el alemán hacía el papel de Jesús ya que usaba barba y era entre rubio y pelirrojo, los apóstoles fueron mucho más de doce, pero lograron entrar todos gratis.

Lo divertido era que ya dentro de la fiesta no se dispersaron, si no que siguieron disciplinadamente actuando el papel y andaban por los rincones y en medio de la pista de baile en una fila y se detenían para una predica. Jesús hacía el gesto de estar hablando y los apósteles se arrodillaban, era muy chistoso. También recuerdo que un domingo dieron una muestra de gran organización, porque se había acabado el gas y les tocaba turno en la cocina y a punta de puros calentadores lograron hacer igual la once y sacar adelante la tarea, con el Toño Lara liderando la actividad.

El desafío del Archi en el box minero es otra gran anécdota que prefiero la escriba alguien de ese piso. Recuerdo bien que el Archi al otro día lo único que le preocupaba era el reto que se iba a llevar de sus hermanas. Tengo dos escenas grabadas de las últimas veces que vi al Archi, una cuando me mostró orgulloso una foto de su flamante esposa, una boliviana de Santa Cruz preciosa como una muñeca y dos años después, en que me dijo apesadumbrado que el matrimonio era algo muy complicado.  

El segundo piso

Recuerdo a algunos Compares  del segundo piso de los antiguos dormitorios antes de que se remodelaran con módulos y los ubicaba debido a que compartíamos el plan común de Ingeniería y solíamos estudiar  juntos en la sala de estudios de la norte; Fuimos compañeros deportivos con el Alan Mella, compañeros en el grupo Elecda(*) con el Bruno Peirano, también jugamos voleibol con el Sasquach Alejandro González y constantemente a la pelota con los hermanos Álvarez (Snoopy y Mandrake), el Tarro Carlos Zúñiga, El Ché Ramón y entrañables amigos como el Baretta Milton Vargas, el Capitán Cavernícola y tantos más.

(Anécdota del Capitán y la trampa de la ventana)
(Anécdota del Auxiliar Cárcamo que pedía peaje)
(Anécdota del Mojón récord Guinnes)

El Tercer Piso

A lo ya relatado de la primera etapa del tercer piso, se puede agregar que la etapa de los módulos fue la más larga en términos de tiempo, allí compartí con mi compadre Ulises Tello, Mauricio Concha (con quién éramos  vecinos en Malloco sin saberlo, nuestras casas estaban a menos de 3 cuadras), Guillermo Vergara, José Loncopán, etc., En el primer módulo estuvo Víctor Abarca, Suzarte, etc. 

Dentro de lo anecdótico, llegaron dos compañeros de mi curso en la básica en Santiago, pero duraron poco. En los otros módulos recuerdo a Víctor Pinilla, al Guatón Albornoz, al Huaso Mora, El Care Paco José Orellana, el Peter Rasca, El Pingüino que venía de Punta Arenas, El Inglés, El Mortadela, Guido Muñoz, los hermanos Media Hora, por cierto a mi compadre Mendieta, que se acuerda mucho más de los nombres, (Favor complementar).

En el tercer piso teníamos la garantía de la escalera hacia el techo, lo que representaba una suerte de patio exterior disponible a toda hora, con una vista privilegiada a la ciudad. También hay varias anécdotas con ese lugar.

Según recuerdo, el Hogar como edificio duró hasta 1987 para ser transformado en un colegio y en el primer semestre del ’88 nos trasladaron al Hogar que estaba en Angamos detrás del Supermercado Korlaet, conocido como La Manzana en ese tiempo. La mayor parte de la facultad de ingeniería se estaba trasladando también a las nuevas instalaciones en la ciudadela construida en la sede sur. 

Alcancé a estar unos meses, era espectacular, tres alumnos por dormitorio, clósets individuales y agua caliente en las duchas. Ese es actualmente el Hogar de varones de la UA, se llama Gabriela Mistral y los cabros tienen salas de computación, televisores HD, incluso hasta gimnasio interno. No tienen restricciones de horario.

Anécdotas (Favor Aportar)

Los camarotes desaparecidos y los somieres sin tablas

Una broma pesada que estuvo de moda durante un tiempo corto, era sorprender al compañero que venía llegando para verle la cara cuando entraba al dormitorio y en el lugar donde se suponía que estaba su camarote, sólo se encontraba un lugar vacío.
Y resultaba realmente gracioso ver las expresiones de los Compares. Por cierto, nadie le decía donde lo habían escondido y había que emprender la búsqueda ridícula de encontrar un enorme camarote dentro del dormitorio…
Al principio los escondían muy bien detrás  de los casilleros, desarmándolos por supuesto. También se usó la pequeña habitación destinada al aseo como escondite. Como después la broma se volvió muy predecible, algunos Compares llegaron al extremo de colgar todo el camarote desarmado hacia la calle por las ventanas, hasta que una vez el negro Suzarte llegó con los monos de la universidad, hastiado por alguna mala tarde y llegó directo a tirarse a su camarote y no encontró nada. A su lado estaba el Manzana Juan Carlos Contreras, quien tuvo la mala idea de reírse y el negro lo agarra y le empieza a dar una lluvia de combos donde le cayeran, mientras el Juan Carlos tuvo una buena reacción y se cubrió como pudo y le gritaba al Suzarte que no iba a pelear con él. Así, llegaron hasta el extremo de la habitación hasta que pudimos separarlos, en realidad, controlar al negro que estaba convertido en un demonio. 
Allí terminaron esas bromas, que estaban limitadas al tercer piso, donde había camarotes metálicos. 

En los pisos restantes había camarotes de madera y pude ver una broma equivalente en el segundo piso, se la hicieron a los que gustaban de tomar vuelo corriendo para tirarse a sus camas, en un par de ocasiones les quitaron los travesaños que servían de somier y los compares pasaron directos al suelo, una vez vi una caída espectacular desde la parte superior del camarote, afortunadamente al Compare no le pasó nada, ya que el piso era de madera también y amortiguaba las caídas.


El Kuto y los mormones

En el Hogar se jugaba baby-fútbol los fines de semana y siempre había dos problemas, conseguir una pelota y una cancha cerca. Las canchas de la sede Angamos quedaban a más de dos kilómetros y había que realizar un trámite previo para conseguirlas, así que no eran alternativa. Conseguir una pelota era más fácil y cerca del Hogar había dos canchas, una en muy malas condiciones de la iglesia evangélica y otra espectacular de la iglesia mormona.

El Kuto me pedía encargarme de las negociaciones y normalmente lograba el préstamo. La primera vez que me conseguí la cancha de los mormones, el Elder a cargo me dijo que no había ningún problema, pero debíamos cumplir con dos condiciones: No sacarnos las camisetas y especialmente, no decir garabatos. Así que antes de empezar el juego, advertí  a todos de estas condiciones y mi compare Kuto me cerró un ojo, y me dijo “-de qué se preocupa, Compare-“

Empezó la pichanga y esa vez jugamos contra el equipo del segundo piso, que tenían muy buenos jugadores, El Tarro Zúñiga, El Ché Ramón, El Mandrake y el Snoopy, todos habilidosos con la pelota. Nosotros no lo hacíamos nada de mal, con el Lobito y el Kuto que eran muy buenos, yo algo aportaba, pero nos empezaron a ganar y el Kuto no estaba acostumbrado a perder, así que empezó a echar chuchadas y yo me acercaba disimuladamente sin que se notara y le pedía que se calmara para que no nos echaran y nos siguieran prestando la cancha. –“Ya Compare, ya entendí-“ me decía el Kuto, hasta que a la tercera vez de nuevo el Kuto estaba echando chuchadas después que nos hicieron otro gol, me acerqué y el Kuto me miró ya con los ojos rojos y empezó a gritar a todo pulmón un rosario del cual nunca me he olvidado:

-          Y qué mormones culiaos!! Métanse su cancha y su iglesia por la raja!! Imperialistas de mierda váyanse a su país!! Gringos culiaos!!....

Así que en medio de la vergüenza, todos agachamos la cabeza y sin que nadie nos dijera nada, abandonamos la cancha de los mormones...

Pero se nos pasó rápido y a los dos meses estábamos jugando allí de nuevo. El Elder nunca escuchó las chuchadas del Kuto a su iglesia y a sus santos de los últimos días y nos siguieron prestando continuamente el recinto. Esa cancha todavía existe en la calle Avelino Contardo.



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