lunes, 24 de febrero de 2020

Personajes Excéntricos del Hogar


Entre la fauna proveniente de todo Chile, llegaron también algunos personajes un tanto extraños, inclasificables, algunos generaron historias que se convirtieron en mitos.

Recuerdo al Halley, aquel muchacho telemaníaco del cual Sotelo me habló, yo no lo creía hasta que lo pillé varias veces solo en la sala de la tele a veces muy temprano en la mañana y otras de madrugada, los canales ya habían cerrado la transmisión y este compare estaba iluminando su cuaderno con la luz que emitía la estática de la tele, sin prender la luz de la habitación y así estaba estudiando…según Sotelo, le habían puesto Halley por que aparecía una vez cada 76 años por la sala de estudios.

El Führer Ignacio Loyola

A este Compare lo conocí un poco mejor, ya que un tiempo compartimos en los departamentos.
Tenía una imagen de Hitler en la parte interior de la puerta del casillero y a veces se dejaba el bigote característico. Lo conocí a través de mi Compare Tello, quien fue yunta del Führer un tiempo y tenía con él una especie de relación de cariño y odio, ya que el Ignacio era impredecible y dejaba la cagada en cualquier parte y le daba lo mismo. Por otro lado, se portaba bien conmigo, pero daba la impresión de esas personas que algo ocultan.

No sé si fue el mismo Ulises, pero alguien me contó una historia increíble del Ignacio, se supone que este compare era un choro del puerto de Valparaíso y habría hecho una apuesta de honor, parece que por quedarse con una mina, con otro choro del puerto.

 La apuesta habría consistido en que el Ignacio debía dar la PAA e ingresar y aprobar el primer año de universidad y así ganaba.

Esta tarde voy a matar a Pinochet.

Como existía siempre solidaridad en el Hogar, el Ignacio que no tenía un pelo de tonto, aprovechó la ayuda para estudiar y le empezó a ir bien, tanto, que en un momento le informaron que sus notas le daban como para postular a la beca Presidente de la República. Así que lo convencimos de que se la jugara. Un día entró muy alegre al departamento  y no contó al Ulises y a mí que se había ganado la beca y debía presentarse la tarde de un jueves vestido formalmente a recibir su premio en cierta ceremonia que se iba a desarrollar en un regimiento…

Llegó el día y encontramos al Führer sentado en su cama pensando. Nos miró y nos dijo a secas, en tono muy serio, “esta tarde  voy a matar a Pinochet”.
Nos comentó que le habían informado que el general en persona venía a Antofagasta a entregar la beca, así que había decidido matarlo cuando lo tuviera enfrente. Al principio nos reímos mucho y le preguntamos cómo pretendía hacerlo y nos explicó que era súper fácil esconder un puñal en su manga y en el momento preciso actuar. Yo seguí escuchándolo y Ulises salió de la pieza y volvió al rato confirmando que efectivamente, venía Pinochet a entregar la beca.

El Ignacio seguía como en una especie de trance, sin siquiera sonreír en ningún momento. Lo ayudamos a arreglarse con un terno en tono crema que alguien le consiguió y como lo habíamos visto mandarse unas cagadas un tanto violentas sin ningún signo de arrepentimiento, empezamos a ponernos nerviosos con el Ulises y de a poco intentamos convencerlo de que no se fuera a mandar algún numerito, ya que en ese momento nosotros éramos sus amigos más cercanos, después quedaría la cagada en el Hogar, nos investigarían a todos, en fin.

“No sé qué va a pasar hoy compare, a lo mejor me hago famoso para siempre, no les aseguro nada”

Fue lo último que dijo con el semblante sombrío, mientras salía y cerró de un portazo.

Esa tarde fue una de las más largas que pasamos en el departamento del segundo piso en total silencio. Estábamos más nerviosos que testigo falso, pero lo disimulábamos bien.

Alrededor de las siete de la tarde abrió la puerta el Führer y entró contento, con un documento en la mano y la corbata suelta. Y aliviados, haciendo el típico alarde de frialdad todavía cagados de miedo, le preguntamos con cierto tono de burla por qué no había matado a Pinochet. Sin mirarnos, ya que estaba frente a su casillero abierto, nos dijo:
-"Lo voy a matar igual, no quise cargarles la vida compares, me dieron lástima pobres hueones"-

Y lanzó una de sus típicas carcajadas burlonas. Nosotros no pudimos reírnos.

Y aparentemente, Ignacio Loyola aprobó con honores el primer año de ingeniería y nunca más supimos de él.

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