Entre la fauna proveniente de todo Chile, llegaron también
algunos personajes un tanto extraños, inclasificables, algunos generaron
historias que se convirtieron en mitos.
Recuerdo al Halley, aquel muchacho
telemaníaco del cual Sotelo me habló, yo no lo creía hasta que lo pillé varias
veces solo en la sala de la tele a veces muy temprano en la mañana y otras de
madrugada, los canales ya habían cerrado la transmisión y este compare estaba
iluminando su cuaderno con la luz que emitía la estática de la tele, sin
prender la luz de la habitación y así estaba estudiando…según Sotelo, le habían
puesto Halley por que aparecía una vez cada 76 años por la sala de estudios.
El Führer Ignacio
Loyola
A este Compare lo conocí un poco mejor, ya que un tiempo
compartimos en los departamentos.
Tenía una imagen de Hitler en la parte
interior de la puerta del casillero y a veces se dejaba el bigote característico.
Lo conocí a través de mi Compare Tello, quien fue yunta del Führer un tiempo y
tenía con él una especie de relación de cariño y odio, ya que el Ignacio era
impredecible y dejaba la cagada en cualquier parte y le daba lo mismo. Por otro
lado, se portaba bien conmigo, pero daba la impresión de esas personas que algo
ocultan.
No sé si fue el mismo Ulises, pero alguien me contó una
historia increíble del Ignacio, se supone que este compare era un choro del
puerto de Valparaíso y habría hecho una apuesta de honor, parece que por quedarse
con una mina, con otro choro del puerto.
La apuesta habría consistido
en que el Ignacio debía dar la PAA e ingresar y aprobar el primer año de
universidad y así ganaba.
Esta tarde voy a
matar a Pinochet.
Como existía siempre solidaridad en el Hogar, el Ignacio que
no tenía un pelo de tonto, aprovechó la ayuda para estudiar y le empezó a ir
bien, tanto, que en un momento le informaron que sus notas le daban como para
postular a la beca Presidente de la República. Así que lo convencimos de que se
la jugara. Un día entró muy alegre al departamento y no contó al Ulises y a mí que se había
ganado la beca y debía presentarse la tarde de un jueves vestido formalmente a
recibir su premio en cierta ceremonia que se iba a desarrollar en un regimiento…
Llegó el día y encontramos al Führer sentado en su cama pensando.
Nos miró y nos dijo a secas, en tono muy serio, “esta tarde voy a matar a
Pinochet”.
Nos comentó que le habían informado que el general en persona
venía a Antofagasta a entregar la beca, así que había decidido matarlo cuando
lo tuviera enfrente. Al principio nos reímos mucho y le preguntamos cómo
pretendía hacerlo y nos explicó que era súper fácil esconder un puñal en su
manga y en el momento preciso actuar. Yo seguí escuchándolo y Ulises salió de
la pieza y volvió al rato confirmando que efectivamente, venía Pinochet a
entregar la beca.
El Ignacio seguía como en una especie de trance, sin siquiera
sonreír en ningún momento. Lo ayudamos a arreglarse con un terno en tono crema que
alguien le consiguió y como lo habíamos visto mandarse unas cagadas un tanto
violentas sin ningún signo de arrepentimiento, empezamos a ponernos nerviosos
con el Ulises y de a poco intentamos convencerlo de que no se fuera a mandar
algún numerito, ya que en ese momento nosotros éramos sus amigos más cercanos,
después quedaría la cagada en el Hogar, nos investigarían a todos, en fin.
“No sé qué va a pasar hoy compare, a lo mejor me hago famoso
para siempre, no les aseguro nada”
Fue lo último que dijo con el semblante sombrío, mientras
salía y cerró de un portazo.
Esa tarde fue una de las más largas que pasamos en
el departamento del segundo piso en total silencio. Estábamos más nerviosos que
testigo falso, pero lo disimulábamos bien.
Alrededor de las siete de la tarde abrió la puerta el Führer
y entró contento, con un documento en la mano y la corbata suelta. Y aliviados,
haciendo el típico alarde de frialdad todavía cagados de miedo, le preguntamos con cierto tono de burla por
qué no había matado a Pinochet. Sin mirarnos, ya que estaba frente a su
casillero abierto, nos dijo:
-"Lo voy a matar igual, no quise cargarles la vida
compares, me dieron lástima pobres hueones"-
Y lanzó una de sus típicas
carcajadas burlonas. Nosotros no pudimos reírnos.
Y aparentemente, Ignacio Loyola aprobó con honores el primer
año de ingeniería y nunca más supimos de él.
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