Siguiendo con los personajes más famosos del Hogar, el Compare Alberto Rojas merece un recuerdo.
Se confirma que siempre hay un químico loco en todas partes y en el Hogar no fue la excepción.
Durante los primeros tiempos viviendo en el tercer piso, a veces ocurría un evento bien particular que seguramente va a desaparecer y las nuevas generaciones no lo van a ver, los mayores del hogar se reunían a contar historias y se corría la voz entre los más nuevos y los mechones, que asistíamos a una suerte de ceremonia tribal. Allí se reunían el Alberto Rojas, el Einer Araya y varios más, faltaba la pura fogata al medio.
Las historias por supuesto eran anécdotas llenas de exageraciones, otras eran derechamente inventos y mentiras de cada uno de los que participaba, pero estos compañeros que eran como hermanos mayores, disfrutaban ser escuchados por la audiencia más joven y prácticamente actuaban las historias, hablaban fuerte con la voz impostada para ser bien escuchados, resultando todo en un momento muy entretenido, habitualmente se tomaban la sala de estudio del tercer piso, se sentaban típicamente cuatro de estos cuenta-cuentos y permanecían allí una hora y a veces más. Por cierto, durante esas ocasiones no se podía estudiar, así que interrumpíamos alegremente nuestras obligaciones para presenciar estos momentos. Alberto Rojas era lejos el más entretenido, tenía una capacidad histriónica notable, podría demás haber sido actor o desempeñarse bien en un escenario.
El cura chileno
En una ocasión le tocaba su turno de contar una anécdota y se quedó un buen rato callado, hizo como un gesto dramático, se puso de pie y explicó a todos que no le gustaba jugar ni reírse de la fe de los demás, así que “con todo respeto” empezó contar que una vez le tocó ir a juntarse con un amigo a Perú en un pueblo cercano de Tacna (me acuerdo y todavía me da mucha risa) y se perdió y llegó a otro pueblo, empezó a caminar por las calles de tierra en medio de las construcciones de adobe blanco, a ver si encontraba a su amigo o a alguien para pedirle orientación y la gente de a poco lo empezó a mirar y a seguirlo, hasta que una señora se le acercó y le dijo –¡¡Padre, padre, qué bueno que regresó!! Y entonces se abalanzó todo el resto de la gente y lo empezaron a abrazar y a llevar en dirección de la iglesia, le pasaban guaguas para que las bendijera y él negaba todo, pero la gente no le creía y le insistían que para ellos siempre iba a ser el cura chileno del pueblo, que lo querían tanto, que habían orado siempre por él, etc. etc., hasta que llegaron a la iglesia y lo metieron prácticamente en andas hasta el altar, lo que ya era una multitud, prácticamente todo el pueblo estaba allí. Y de nuevo el Compadre Alberto Rojas se quedó callado.
Entonces el Einer le preguntó (en tono dramático también): Pero qué hizo usted compadre??
- Qué iba a hacer pos compadre, hice la misa!!
Y entonces se pararon todos los que estaban contando cuentos y se fueron de inmediato, acusando al Alberto de ser demasiado mentiroso. Este compadre nos miró a todos que lo escuchábamos en silencio y nos dijo con toda seriedad: Pregunten por el cura Alberto en Tacna, el cura chileno. Y se fue por el pasillo de la tele hacia los departamentos, caminando en su particular estilo.