domingo, 2 de agosto de 2020

Algunas historias cortas de las salas de estudio

En la Sala del tercer piso solíamos reunirnos hasta tarde los mismos de siempre, estudiando cada uno en su mesa.  Había una pizarra, pero se ocupaba poco. Era normal estudiar con música, en ésa época estaba la radio Sol, Desierto, por cierto la Radio de la UA que nadie escuchaba y alguna otra que se me escapa. En 1987 se produjo la visita del Papa a Antofagasta y durante un tiempo, era tema obligado. A veces llegaban los mechones a estudiar a esa sala y no duraban mucho, empezaban a cabecear rápido. Entonces Ulises Tello los empezaba a vigilar atentamente  y esperaba el momento justo cuando algún mechón ya empezaba a cerrar definitivamente los ojos de sueño… y se ponía de pie repentinamente, haciendo que la mesa y la silla sonaran estrepitosamente  y simultáneamente se mandaba el tremendo grito:

- ¡¡¡ NO TENGAÍS MIEDO DE MIRARLO A ÉL !!! 

Y señalaba con el brazo completamente estirado al Care’ Paco, al Renzo o a mí, y se quedaba un buen rato así, inmóvil en esa posición. Nosotros éramos cómplices de la broma y no nos reíamos, ni siquiera lo mirábamos y seguíamos estudiando como si nada hubiera pasado. Por cierto, los mechones se iban pálidos del susto hacia el dormitorio a acostarse. Después nos reíamos hasta el cansancio. Era una broma relajante.

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Los insultos matemáticos.

Pocas veces vimos a la yunta Riquelme y Cool mc Cool estudiar en la sala, ambos estudiaban pedagogía en matemáticas. Cuando lo hacían, como eran payasos sin remedio, aprovechaban de entender la materia a punta de insultos:

-          Riquelme yo considero que tú eres un Concha e su madre por diez elevado a infinito, dime algo peor a ver?

-          Usted Compare es un Hijo e’ puta ….(se quedaba pensando un momento)….por diez elevado a infinito más uno ja jajajá,  te cagué, oféndeme a ver oféndeme!

 

Y Así seguían largo rato y se insultaban a toda boca y se lo tomaban enserio (el estudio), porque cuando tenían dudas se iban a la pizarra y empezaban a escribir los insultos con potencias, logaritmos de mierda, exponenciales a la chucha, demostrar por inducción que Riquelme es hueón al cuadrado,  etc., etc., era por supuesto imposible concentrarse porque además  de toda la risa que provocaban, discutían con argumentos matemáticos y nos pedían opinión al resto,  hasta que a ellos mismos les daba risa alguna de sus salidas y entonces paraban y se iban para el dormitorio, siempre echándose tallas entre ellos y recién era posible retomar el estudio. 

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También sabíamos que entre 3 y 4 de la mañana escucharíamos pasos subiendo rápidamente por la escalera y dejábamos de lado cuadernos y libros, para disponernos a atrapar al Compare Mendieta, que venía de sus peripecias con el movimiento estudiantil y que pronto la UA estaría de nuevo en paro (atrasándonos meses y a veces semestres enteros). Así que en compensación, le cobrábamos peaje y lo llevábamos en andas hasta una mesa-escenario (mi Compare era peso mini-mosca en ese tiempo) y lo obligábamos a contar tres chistes de los mil que tenía anotados en un cuaderno, antes de dejarlo pasar al dormitorio. Y se armaba el show, Javier Mendieta en el escenario, como si le hubieran puesto pilas nuevas,  algunos salían de la pieza a escucharlo. A esa altura de la noche, con el sueño y el cansancio, los chistes eran todavía más graciosos, recuerdo todavía uno de un elefante que se mete a cagar detrás de unos arbustos y no tenía papel confort y estaba desesperado, entonces ve un conejo blanco que lo está observando desde unos matorrales y el elefante le pregunta:

-          Conejo estás pelechando?

-          No señor elefante

-          Entonces ven para acá !!

Y Javier hacía el gesto de pescar algo de las orejas y pasárselo por el trasero y después lo arrojaba.

 

El tercer chiste era siempre una tomadura de pelo, Mendieta era tan buen contador de historias y chistes, que se las ingeniaba para hacernos caer con una nueva y aprovechaba de escabullirse hacia el dormitorio mientras estábamos todavía perplejos.

 

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 Durante algún tiempo, especialmente en los primeros semestres cuando estuve en el departamento del segundo piso, me gustaba estudiar en la enorme sala de la Norte y como siempre fui bueno para madrugar, me gustaba tener el orgullo de ser el último en irme de la sala e incluso apagar la luz a eso de las 5 - 6 de la mañana, a veces llegaba al dormitorio cuando estaba amaneciendo. Pero de repente, empezó a llegar un Compare del primer piso y se quedaba toda la noche. Siempre se sentaba cerca de la puerta  y a mí me gustaba sentarme más hacia la mitad de la sala, así que de lejos me daba cuenta que ya no quedaba nadie y este compare seguía allí. Y aunque estaba muerto de sueño, mi espíritu competitivo y orgullo me impedían irme y me quedaba aunque ya no podía entender nada ni menos hacer algún ejercicio. Hasta que por fin este Compare se iba y yo muy contento de ser de nuevo el que se quedaba hasta más tarde estudiando, me paraba y me iba. Este esfuerzo me empezó a pasar la cuenta y me quedaba dormido en clases, a veces me salía de las clases y me iba a dormir un rato al balneario, lo cual era bastante agradable. Pero en la noche me esperaba de nuevo la competencia…hasta que un día le conté a mi Compare Sotelo de estos acontecimientos y el Alberto me quedó mirando incrédulo, le dio un ataque de risa y yo le pedí explicaciones, por que se reía mucho y me prometió que en la noche iba a ir a la sala de estudios en la madrugada y me iba a explicar.

 

Así tal cual, tipo 4 de la mañana ya quedábamos solamente yo y mi rival de amanecidas en la sala de la norte, entonces apareció Sotelo con Ricardo Riffo y Cristián Mena. De lejos me hicieron señas para que me acercara donde ellos y nuevamente se estaban riendo, Sotelo les había contado. Yo seguía sin entender nada . Entre risas, me llevaron a la mesa de mi rival y me quedan mirando y entre carcajadas me dicen:

 

Pero Ramírez, si este hueón no viene a estudiar aquí, viene a dormir!!

 

Y para mi enorme sorpresa, efectivamente, el compare estaba inmóvil sentado, pero con los ojos entre-abiertos y  llegaba a roncar!! Y seguían riéndose al lado de él y el compare no despertaba.

 

¡¡ Poncharelo, Poncharelo anda a acostarte hueón!! Y lo empezaron a mover hasta que se despertó medio aturdido y Sotelo le dijo que estaba roncando muy fuerte y no dejaba estudiar. Así que el Poncharelo pescó una guía que tenía encima de la mesa, que ni siquiera había abierto y se fue lentamente hacia la puerta, junto con sus compañeros del primer piso. Allí terminaron mis amanecidas maratónicas y después nos hicimos amigos con Poncharelo, al punto que empezó a estudiar con nosotros de las guías de matemáticas de ingeniería  (él estudiaba Pedagogía en Matemáticas) y le empezó a ir tan bien que lograba eximirse de los ramos y se sorprendía de la cantidad, profundidad y nivel de dificultad de las matemáticas que nos enseñaban en ingeniería.


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