Algunas historias
cortas de las salas de estudio
En la Sala del tercer piso solíamos reunirnos hasta tarde
los mismos de siempre, estudiando cada uno en su mesa. Había una pizarra, pero se ocupaba poco. Era
normal estudiar con música, en ésa época estaba la radio Sol, Desierto, por
cierto la Radio de la UA que nadie escuchaba y alguna otra que se me escapa. En
1987 se produjo la visita del Papa a Antofagasta y durante un tiempo, era tema
obligado. A veces llegaban los mechones a estudiar a esa sala y no duraban
mucho, empezaban a cabecear rápido. Entonces Ulises Tello los empezaba a
vigilar atentamente y esperaba el
momento justo cuando algún mechón ya empezaba a cerrar definitivamente los ojos
de sueño… y se ponía de pie repentinamente, haciendo que la mesa y la silla
sonaran estrepitosamente y simultáneamente
se mandaba el tremendo grito:
- ¡¡¡ NO TENGAÍS MIEDO DE MIRARLO A ÉL !!!
Y señalaba con el brazo completamente estirado al Care’
Paco, al Renzo o a mí, y se quedaba un buen rato así, inmóvil en esa posición.
Nosotros éramos cómplices de la broma y no nos reíamos, ni siquiera lo
mirábamos y seguíamos estudiando como si nada hubiera pasado. Por cierto, los
mechones se iban pálidos del susto hacia el dormitorio a acostarse. Después nos
reíamos hasta el cansancio. Era una broma relajante.
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Los insultos matemáticos.
Pocas veces vimos a la yunta Riquelme y Cool mc Cool
estudiar en la sala, ambos estudiaban pedagogía en matemáticas. Cuando lo
hacían, como eran payasos sin remedio, aprovechaban de entender la materia a
punta de insultos:
-
Riquelme yo considero que tú eres un Concha e su
madre por diez elevado a infinito, dime algo peor a ver?
-
Usted Compare es un Hijo e’ puta ….(se quedaba
pensando un momento)….por diez elevado a infinito más uno ja jajajá, te cagué, oféndeme a ver oféndeme!
Y Así seguían largo rato y se insultaban a toda boca y se lo
tomaban enserio (el estudio), porque cuando tenían dudas se iban a la pizarra y
empezaban a escribir los insultos con potencias, logaritmos de mierda,
exponenciales a la chucha, demostrar por inducción que Riquelme es hueón al
cuadrado, etc., etc., era por supuesto
imposible concentrarse porque además de
toda la risa que provocaban, discutían con argumentos matemáticos y nos pedían
opinión al resto, hasta que a ellos
mismos les daba risa alguna de sus salidas y entonces paraban y se iban para el
dormitorio, siempre echándose tallas entre ellos y recién era posible retomar
el estudio.
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También sabíamos que entre 3 y 4 de la mañana escucharíamos
pasos subiendo rápidamente por la escalera y dejábamos de lado cuadernos y
libros, para disponernos a atrapar al Compare Mendieta, que venía de sus
peripecias con el movimiento estudiantil y que pronto la UA estaría de nuevo en
paro (atrasándonos meses y a veces semestres enteros). Así que en compensación,
le cobrábamos peaje y lo llevábamos en andas hasta una mesa-escenario (mi
Compare era peso mini-mosca en ese tiempo) y lo obligábamos a contar tres
chistes de los mil que tenía anotados en un cuaderno, antes de dejarlo pasar al
dormitorio. Y se armaba el show, Javier Mendieta en el escenario, como si le
hubieran puesto pilas nuevas, algunos
salían de la pieza a escucharlo. A esa altura de la noche, con el sueño y el
cansancio, los chistes eran todavía más graciosos, recuerdo todavía uno de un
elefante que se mete a cagar detrás de unos arbustos y no tenía papel confort y
estaba desesperado, entonces ve un conejo blanco que lo está observando desde
unos matorrales y el elefante le pregunta:
-
Conejo estás pelechando?
-
No señor elefante
-
Entonces ven para acá !!
Y Javier hacía el gesto de pescar algo de
las orejas y pasárselo por el trasero y después lo arrojaba.
El tercer chiste era siempre una tomadura
de pelo, Mendieta era tan buen contador de historias y chistes, que se las
ingeniaba para hacernos caer con una nueva y aprovechaba de escabullirse hacia
el dormitorio mientras estábamos todavía perplejos.
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Durante algún tiempo, especialmente en los
primeros semestres cuando estuve en el departamento del segundo piso, me
gustaba estudiar en la enorme sala de la Norte y como siempre fui bueno para
madrugar, me gustaba tener el orgullo de ser el último en irme de la sala e
incluso apagar la luz a eso de las 5 - 6 de la mañana, a veces llegaba al
dormitorio cuando estaba amaneciendo. Pero de repente, empezó a llegar un
Compare del primer piso y se quedaba toda la noche. Siempre se sentaba cerca de
la puerta y a mí me gustaba sentarme más
hacia la mitad de la sala, así que de lejos me daba cuenta que ya no quedaba
nadie y este compare seguía allí. Y aunque estaba muerto de sueño, mi espíritu
competitivo y orgullo me impedían irme y me quedaba aunque ya no podía entender
nada ni menos hacer algún ejercicio. Hasta que por fin este Compare se iba y yo
muy contento de ser de nuevo el que se quedaba hasta más tarde estudiando, me
paraba y me iba. Este esfuerzo me empezó a pasar la cuenta y me quedaba dormido
en clases, a veces me salía de las clases y me iba a dormir un rato al
balneario, lo cual era bastante agradable. Pero en la noche me esperaba de nuevo
la competencia…hasta que un día le conté a mi Compare Sotelo de estos
acontecimientos y el Alberto me quedó mirando incrédulo, le dio un ataque de
risa y yo le pedí explicaciones, por que se reía mucho y me prometió que en la
noche iba a ir a la sala de estudios en la madrugada y me iba a explicar.
Así tal cual, tipo 4 de la mañana ya
quedábamos solamente yo y mi rival de amanecidas en la sala de la norte,
entonces apareció Sotelo con Ricardo Riffo y Cristián Mena. De lejos me
hicieron señas para que me acercara donde ellos y nuevamente se estaban riendo,
Sotelo les había contado. Yo seguía sin entender nada . Entre risas, me
llevaron a la mesa de mi rival y me quedan mirando y entre carcajadas me dicen:
Pero Ramírez, si este hueón no viene a
estudiar aquí, viene a dormir!!
Y para mi enorme sorpresa, efectivamente,
el compare estaba inmóvil sentado, pero con los ojos entre-abiertos y llegaba a roncar!! Y seguían riéndose al lado
de él y el compare no despertaba.
¡¡ Poncharelo, Poncharelo anda a acostarte
hueón!! Y lo empezaron a mover hasta que se despertó medio aturdido y Sotelo le
dijo que estaba roncando muy fuerte y no dejaba estudiar. Así que el Poncharelo
pescó una guía que tenía encima de la mesa, que ni siquiera había abierto y se
fue lentamente hacia la puerta, junto con sus compañeros del primer piso. Allí
terminaron mis amanecidas maratónicas y después nos hicimos amigos con
Poncharelo, al punto que empezó a estudiar con nosotros de las guías de matemáticas
de ingeniería (él estudiaba Pedagogía en
Matemáticas) y le empezó a ir tan bien que lograba eximirse de los ramos y se
sorprendía de la cantidad, profundidad y nivel de dificultad de las matemáticas
que nos enseñaban en ingeniería.
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